GEOMETRIAS MINIMAS

Ajena a todo intento de representación, la obra de Natalia Cacchiarelli (Bahía Blanca, 1971) discurre entre la serialidad y la reducción de los elementos formales. En su tranquila pureza, sus pinturas y objetos enuncian la belleza de lo sencillo. Sin buscar describir ni revelar nada, decenas de rayas, rayitas, perfiles, bandas, tiras, franjas, barras de diversos colores se adueñan persistentemente de los papeles, telas y piezas de acrílico de la artista. ¿Qué pinta Natalia Cacchiarelli? ¿Horizontes o límites, orillas o fronteras, contornos o divisorias? Imposible saberlo. ¿Qué hay detrás de los obsesivos y, en ocasiones, apenas perceptibles gestos que se multiplican en los distintos soportes con los que la artista elige trabajar? Con un estilo que se distingue por la frugalidad de sus medios, la nitidez de su forma y la claridad de su estructura, los trabajos sobre papel aparecen como apacibles mares de líneas tendidas, guiones ininterrumpidos trazados con el leve temblor de la acuarela o con la contundencia del grabado. El preciso filo de la pintura acrílica aumenta la potencia de las rectas y erguidas franjas, que irrumpen pintadas de blanco sobre intensos planos monocromos. Con o sin querer, antes que eliminar cualquier rastro de subjetividad, las coloridas rayas horizontales o las sólidas bandas verticales presentan un alto impacto sensorial. Es que hay algo de placidez y de afirmación en esta tenaz materialización de una estética de lo mínimo, que interpela al observador por su despliegue sensible y en contradicción con un pensamiento racional. Con enorme paciencia, y en la repetición y síntesis del trabajo con la línea, Cacchiarelli pareciera indagar acerca de la naturaleza misma de la pintura. Esta tal vez sea una manera de expresar la búsqueda de lo esencial o, quizá, de evocar lo sublime. Incansable y vivaz, la artista va todos los días a su taller a pintar y dibujar, leer y escuchar música, y también a regar los jazmines de su balcón por donde entra a raudales la luz natural que hace brillar con más énfasis los turquesas y amarillos, violetas y grises, magentas y anaranjados, negros y blancos que, lenta pero seguramente, van poblando mesas y caballetes, paredes y pisos que rodean a la artista con sus cadencias y vibraciones. Las abstracciones de Cacchiarelli, que incluyen elementos de la geometría y que tienen mucho más trabajo del que aparece ante al ojo del observador, poseen algo de contradictorio y discontinuo. Mientras que los papeles con las acuarelas rayadas trasuntan una sensación de ensoñación y alegría, las telas con las tiras elevadas impresionan por su firmeza y exactitud. En su pureza y simplicidad, estas geometrías aparecen como algo más que elegantes composiciones racionales; quizá son marcas individuales, señales colectivas. El rigor seriado asoma con una intensa e inexplicable emotividad; acaso, por causa de los regocijos y desazones que reverberan en el proceso de producción de sus creaciones.