EL PATIO CUADRICULADO

Hoy sólo me he leído a mí mismo, y es curioso cómo se nota, y me leía para cuadricularme y entrar en el espacio de mi vecina Natalia, que obtiene una dicción cuadriculando el espacio de la realidad-recuerdo: (patio, frazada, ventana, reja) donde faltaba el humano latido, ese ritmo carnoso. Ahí, como la rueda a la masa, ravioló el entreacto de la emoción infantil. Sosegada por el amplio espectro de repetición, para perseguir una progresión de sentido, contrajo el árbol a sus obsesiones sintéticas: Mondrian reitera un signo que lo aparta de la frondosidad hacia la línea. Natalia invierte buscando el patio en la obstinación. No hay cielo, ni bote, ni chaucha; lo que ajusta la placa no es el ojo aguzado por escenas ajenas, es la manifestación ostentosa de la falta de algo que estuvo presente en una visión anterior. Y así como el animal se reitera gratuito, repetimos el golpe de mano aplaudiendo, buscando encontrar lo que al buscar tenemos.