TENGO UN CUADRO

Tengo un cuadro de Natalia Cacchiarelli colgado en el living de mi memoria. Solo lo ví una vez y sin darme cuenta me lo lleve puesto. Lo curioso es que no todos los días se ve igual. En alguna ocasión inclusive, esas líneas, bandas, rayas y rayitas amontonadas sin sentido han virado de su turquesa inicial a un color que no conozco. Que por lo tanto no puedo siquiera imaginar. Fue lo mas cerca que estuve de olvidar la obra de Natalia. Me tentaba la idea de ocupar ese espacio en mi memoria con algún recuerdo de mi apacible infancia en Castelar. Pero no. Sigue ahí. Y tengo la sospecha que la voy a llevar conmigo hasta el día que logre responder lo que me está preguntando. Uno puede olvidarse de una sentencia, de una afirmación, de una declaración de principios inclusive. Pero nunca de una pregunta, si es que esta aún no tiene respuesta. Natalia me hizo creer que me estaba diciendo algo con su obra. Pero ella no dice. Prefiere esconder. Y alejada de toda pretensión, Natalia solo pregunta. Y lo deja a uno con esta sensación.

Si alguien me preguntara como es la obra de Natalia Cacchiarelli no sabría bien que decirle. Me resultaría mucho más sencillo decir como soy yo después de ver su obra. Soy una persona más chiquita, más inocente y sin certezas. Esos maravillosos artificios de líneas en permanente movimiento me convierten en el nene que no recuerdo. No es poco para mi. Gracias Natalia.